GUITARVERA Encuentro de Cultura Popular en Villanueva de la Vera.

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GUITARVERA Encuentro de Cultura Popular en Villanueva de la Vera.


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El patrimonio tradicional de La Vera de Cáceres y el Festival Guitarvera

Fulgencio Castañar

Viernes 11 de julio de 2008, por Guitarrero (actualizado el 4 de diciembre de 2009)   


Guitarvera es una palabra creada a partir de guitarra y Vera para designar, de forma breve, unas jornadas de cultura popular que vienen celebrándose desde hace unos años en Villanueva de la Vera [1]; en ellas se pretende, por un lado, acercarse a aspectos determinados de la cultura popular, tanto por la vía de la reflexión de especialistas, como por la de la presentación al público, a través de diversos medios y, por otro, revivirlos de alguna forma para que sean conocidos y apreciados por las jóvenes generaciones. Aunque tienen como punto de partida un entorno local, responden, como casi todo fenómeno de cultura popular, a un radio mayor, pues el impulso que se pretende dar a la cultura popular abarca tanto a los pueblos de La Vera, (Cáceres), como a los del Valle del Tiétar (Ávila), comarcas situadas las dos entre la vertiente sur de Gredos y el río Tiétar y, por extensión, a la mayor parte de la España rural.

Todos los pueblos de estas dos comarcas han permanecido, por las circunstancias geográficas, bastante aislados, cerrados sobre sí mismos, a lo largo de la historia, especialmente los de la provincia de Cáceres; por la altura de la cordillera Central y lo escarpado de la misma han sido muy escasas sus relaciones con los habitantes de la vertiente norte. Las influencias de la cultura oficial y la incorporación de las nuevas formas de vida han llegado con retraso y, sólo a partir de la generalización del televisor como elemento clave en la vida de los españoles, se han homogeneizado con el resto de los pueblos en determinados aspectos. El alejamiento de la metrópoli y la ubicación en zona de montaña justifican las malas comunicaciones y, en el caso de La Vera, se complica con la abundancia de gargantas que, si bien son un factor clave en el desarrollo de su agricultura, son también un obstáculo grave en las vías de comunicación con el resto del territorio.

La bondad de su clima y la abundancia de vegetación acaso pudieron influir en Carlos I para escoger el monasterio de Yuste como retiro imperial. El corto periodo de vida que pasó el Emperador y el traslado de sus restos al panteón real, una vez concluido el monasterio de El Escorial, no sirvió para dar a conocer la comarca. Posteriormente el monasterio de Yuste perdió renombre y la comarca no gozó de la presencia de los nobles ni de las aportaciones económicas que sus visitas podían haber acarreado. Igualmente, el canto que hizo a la comarca de La Vera Azedo de la Berrueza[2] en el siglo XVII pronto quedó, como suele pasar con los libros en este país, relegado al olvido.

Acaso por estas razones, las formas de vida propia, de carácter tradicional, en cuanto a usos y costumbres, han permanecido, en La Vera, bien arraigadas hasta hace pocas décadas; por lo que su tipismo, su manera particular de abordar determinados aspectos de la vida y, sobre todo, la forma de expresarlos, ha llamado la atención a los estudiosos, especialmente a lo largo del siglo XX. Aunque ya mucho antes, en el último tercio del siglo XVIII, su paisaje y algunos de sus pueblos habían sido descritos por Ponz, en su viaje a Arenas de San Pedro, desde Talavera, por el este, y a Yuste, desde Plasencia, por el oeste. Un siglo después, en 1873, Pedro A. Alarcón destacó el estado de postración en que se encontraba el monasterio tras las desamortización de Mendizábal, visita que aprovecha, para, en plena I República, hacer un canto de añoranza a la monarquía.

Pero ha sido, en el siglo XX, cuando intelectuales de muy variados campos se han ocupado de estos lugares y han dado a conocer información relacionada con la parcela de su especialidad. Unamuno, siguiendo los pasos de Ponz, se acercó a Yuste, desde Plasencia y luego, pocos años después, desde Ávila, bajó a Arenas. Una noche a los pies del Almanzor le sirvió, en uno de sus poemas, para convertir las entrañas graníticas de Gredos en el espaldar de Castilla, al tiempo que evocaba la grandeza de España en tiempos de Carlos I. Poco después, gente del 98, Azorín y los hermanos Baroja y otros, recorrieron, a pie, desde Madrid, todo el valle para ir a finalizar su excursión veraniega en Yuste. Baroja, en su novela La dama errante, utilizará los apuntes de este viaje en materia narrativa al convertir esta ruta en el itinerario que utilizan los protagonistas, tras un atentado contra el rey, para huir de Madrid a Portugal, desde donde partirán para Inglaterra.

Hemos de indicar que ningún entusiasmo despierta en los noventayochistas la cultura popular; Baroja aludirá de forma despectiva al canto y baile de unas jóvenes, a la luz de la luna, ante la ermita de Chilla; esos cantos eran manifestaciones de una cultura popular tan antigua que muy bien podía tener algún tipo de relación con una costumbre similar de los vettones, cuyos cantos a la luz de la luna ya los menciona Estrabón. Es cierto que, cuando pasaron por allí los noventayochistas, aún no se conocía que un paraje, muy próximo a la ermita, escondía un castro de grandes dimensiones, el del El Raso (Candeleda), cuyas excavaciones principales las ha llevado a cabo el profesor Fernando Fernández Gómez.

En toda la comarca el interés por la canción tradicional es muy grande y aún perdura; por eso no ha de extrañar que atrajese pronto la atención de los folkloristas, quienes, con sus magnetófonos, recorrieron los diversos pueblos para grabar cuanto oían. Bonifacio Gil, García Matos, Angela Capdevielle en La Vera y Teresa Cortés Testillano[3], en la parte abulense, han sido algunos de los que en sus cancioneros han insertado canciones de estos pueblos. Etnólogos como Caro Baroja o costumbristas como Valeriano Gutierrez Macías[4], han descrito y, especialmente el primero, analizado algunas de las tradiciones veratas. Antes, algunos escritores extremeños habían publicado descripciones de festejos en Revista de Extremadura y Alcántara, otros lo habían hecho en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Algo debe de tener la zona para que, en los años setenta, los creadores de la revista Narria, del Museo de Artes y Tradiciones Populares, dedicaran a La Vera su primer número y, en el 33, dedicado a Ávila, una buena parte lo centraran en aspectos exclusivos del Valle del Tiétar, comarca a la que dedicarán un extra en años ochenta, el número extra 75-76.

Pero no ha atraído la atención solamente de los hombres de la pluma, también, en los años veinte, habían ido artistas plásticos; a unos les pudo llevar el amor, como a Aniceto Marinas, quien esculpe el grupo Hermanitos a partir de una anécdota verata que conoce cuando visita el pueblo donde había nacido su mujer. Con el pincel estuvieron pintores, como Benjamín Palencia y, Martínez Vázquez; éste último llevaría, en los años cuarenta, además grupos de alumnos para retratar tipos, paisajes y, sobre todo, la arquitectura popular. La arquitectura de la casa entramada del entorno del Tiétar no podía quedar fuera de la magna obra de Carlos Flores titulada Arquitectura popular española y, a la abundancia de fotos, siguió el rigor en el análisis y en el dibujo de casas, plazas y rincones en la obra de Rafael Chanes y Ximena Vicente[5].

Cuando el magnetófono se convirtió en cassette, se generalizó la posibilidad de grabar y hubo quien, como Pedro Vaquero, recorrió todos pueblos para poner en marcha una industria basada en la edición de cintas musicales con ejecuciones de los distintos grupos de guitarreros; su producción le valdría un Grammy; parte de este material, convertido en letra impresa, y otras canciones editadas por otros especialistas o por los propios grupos puede encontrarse en el libro de Eduardo Tejero, Literatura de tradición oral en Ávila[6].

Pues bien, acaso de todos los pueblos de la falda sur de Gredos sea Villanueva el que conserva aún, como algo vivo, una mayor cantidad del acervo de la antigua cultura popular. Hay quien recuerda atardeceres de su infancia, en los que, al apardear, se daban por finalizados los juegos activos y, en los poyos de los soportales de la plaza, se reunían los chicos a contar cuentos, de encantamientos, misterios y, sobre todo, de miedo como el de “la media mujer”, mientras grupos de chicas jugaban, unas a hacer comedias, y otras ensayaban la pastorela que representarían en Navidad y Reyes en la iglesia.

En las veladas de otoño e invierno, familiares y amigos se reunían en torno al fuego en una velada en la que, mientras la abuela tostaba calbotes o cacahuetes, el grupo de adultos desgranaba las mazorcas de maíz y los pequeños escuchan anédoctas y relatos del pasado; de cuando en cuando, alguien entonaba un romance como el de “la loba parda” y el de “la serrana de la Vera”[7], o contaban, por ejemplo, las aventuras desafortunadas de dos hermanos huérfanos; fuesen los que fuesen, siempre cautivaban.

Romance de la Loba Parda

Las veladas eran más animadas en las noches de la matanza, pues los hombres se pasaban, con frecuencia, unos a otros, un vaso, que pronto había que rellenar, con el vino nuevo de la pitarra de alguno de ellos. Y, con el calor del vino, se contaban historias más divertidas y, sobre todo, canciones más subidas de tono. Una buena visión de todo ese pasado de corte tradicional es el que aparece en la novela de Antonio Pérez Sánchez, Los muchachos de Valle Nuevo[8].

Los años sesenta y setenta, con una emigración forzosa muy elevada, significaron, junto con la mecanización, y, sobre todo, la multiplicación de los aparatos de radio y televisión, el inicio del declive de una gran parte de la transmisión oral. Sin embargo, hay varios aspectos en los que aún perdura; nos referimos a las fiestas tradicionales que, en el caso de Villanueva es la del Peropalo, en la canción tradicional y en el baile de la jota.

Pero también la irrupción de las nuevas tecnologías ha servido para que algunos aspectos de la tradición oral de la comarca verata se conozca por doquier. Los reportajes televisivos han dado a conocer por todo el mundo tanto “los Escobazos”, “los Empalaos”, como, sobre todo, , la fiesta del Peropalo[9].

Para tratar de resaltar el valor de lo que aún perdura –desde hace más de medio siglo lo peculiar de los pueblos ha sido cada vez más minusvalorado–, para recuperar o, por lo menos, que se conozcan aspectos de usos y costumbres tradicionales, un grupo de personas, con el respaldo del Ayuntamiento de Villanueva[10], ha puesto en marcha estas jornadas de cultura popular que el próximo año (2010) conocerán su novena edición, con una estructura que supone un acercamiento a la popular con un enfoque muy variado y atractivo.



[1] Puede visitarse la página http://www.guitarvera.es para ver información sobre las actividades de los dos últimos años.

[2] Azedo de la Berrueza y Porras, Gabriel. Amenidades , florestas y recreos de la provincia de la Vera Alta y Baja, en la Extremadura. Andrés García de la Iglesia, Madrid, 1667. Reeditado en Cáceres por el Departamento provincial de Seminarios de F.E.T. y de las J.O.N.S., el año 1951. Posteriormente, en Jarandilla de la Vera, lo reeditó de nuevo la Asociación Cultural "Amigos de la Vera", en 1995.

[3] Bonifacio Gil, Cancionero popular de Extremadura. Contribución al folklore musical de la región, 2 vols., Badajoz, Diputación Provincial, 1956-1965. M. García Matos, Lírica popular de la Alta Extremadura, Madrid, Unión Musical Española, 1944. A.Capdevielle, Cancionero de Cáceres y su provincia, Cáceres, Diputación Provincial, 1969. T. Cortés Testillano, Cancionero abulense. . Ávila Caja de Ahorros de Ávila, 1991. Un cancionero local, con letras y acordes para guitarra, lo acaba de sacar Francisco Bohoyo Castañar, en Madrid, 2007, con el título de Brisas de ronda en Villanueva de la Vera.

[4] Caro Baroja, J.. «El toro de San Marcos » y “La serrana de la Vera” en Ritos y mitos equivocos, pp.77-110, Ed. Istmo, Madrid, 1974. Gutiérrez Macías, V.: Por la geografía cacereña (fiestas populares). Madrid, 1968. Este autor publicó varios artículos sobre la comarca como los titulados «Fiestas cacereñas», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, XVI, 1960, pp. 335-337. «Alta Extremadura. Carnestolendas», REE, XXIV, 1968, pp. 279-288.

[5] Chanes, R. y Vicente, X., Arquitectura popular de la Vera de Cáceres. Ministerio de la Vivienda. Madrid, 1973.

[6] Tejero Robledo, Eduardo. Literatura de tradición oral en Avila, Institución Gran Duque de Alba, Ávila, 1994. Algunos grupos de La Vera han sacado sus propia producción discográfica, especialmente El Madroñal y El Arroyo los Cagaos, http://www.arroyoloscagaos.com/

[7] De estos romances, como mostramos, en los años 90, en nuestra sección “El rincón de los romances” durante varios años en la revista La Vera, hay muchas versiones; véase el artículo de Alejandro Arturo González Terriza “La Serrana de la Vera: constantes y variaciones de un personaje legendario” en el número cuatro de Culturas populares, http://www.culturaspopulares.org/Indices4.html y en el libro de Delfín Hernández Hernández, La serrana de la Vera: antología y romancero, Asociación Cultural "Amigos de la Vera" Jarandilla, 1993.

[8] La publicó la editorial Afrodisio Aguado, de Madrid, en 1945 y la ha reeditado Pentapé en el 2005.

[9] Castañar, F., El Peropalo, un rito de la España mágica, Mérida, Editoria Regional de Extremadura, 1986. Blanco Fernández, José Luis, «Reflexiones sobre un origen probable de la fiesta del Pero-Palo de Villanueva de la Vera (Cáceres)», Revista de Folklore nº 154, 1993, pp. 118-123. Pedrosa Bartolomé, J. M., “Rey Fernando, rey don Sancho, Pero Pando, Padre Pando, Pero Palo, Fray Príapo, fray Pedro: metamorfosis de un canto de disparates (siglos XIV-XX)”, Bulletin Hispanique, Vol. 98, Nº 1, 1996, pags. 5-27.

[10] Después, desde su creación, se ha incorporado la Universidad Popular “Cura Mora”


Este texto lo hemos tomado de aquí


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